La descarbonización del transporte aéreo es uno de los grandes retos del sector, y en Europa tiene un protagonista claro: el mandato ReFuelEU Aviation.
En 2026, esta normativa entra en una fase especialmente relevante. Tras su entrada en vigor en 2025, el sector afronta ahora el primer año completo de consolidación, en el que aerolíneas, proveedores y aeropuertos deben demostrar su capacidad de adaptación a un nuevo modelo energético.
El Reglamento (UE) 2023/2405 establece que el combustible suministrado en los aeropuertos europeos debe incluir un porcentaje mínimo de SAF (Sustainable Aviation Fuel).
Este proceso se plantea de forma gradual:
Más que un cambio inmediato, se trata de una transformación estructural que marcará el futuro de la aviación europea.
Si 2025 fue el punto de partida, 2026 es el año en el que el sistema empieza a medirse.
Los proveedores de combustible han tenido que reportar, antes de febrero de 2026, la cantidad de SAF suministrada durante el año anterior. A su vez, las aerolíneas deben validar estos datos para poder acogerse a los mecanismos del sistema europeo de emisiones (EU ETS), que elimina progresivamente las asignaciones gratuitas.
Esto introduce un nuevo nivel de control y transparencia en toda la cadena de suministro.
En España, la normativa se aplica principalmente en los aeropuertos con mayor volumen de tráfico, tanto de pasajeros como de carga.
Instalaciones como Madrid-Barajas, Barcelona-El Prat, Palma de Mallorca, Málaga, Alicante, Zaragoza o Vitoria se sitúan en el centro de esta transición.
Además, el reglamento incorpora medidas para evitar prácticas como el “tankering”, obligando a las aerolíneas a repostar una cantidad mínima de combustible en territorio europeo. El objetivo es claro: garantizar que el uso de SAF se produzca de forma efectiva.
Uno de los principales desafíos sigue siendo el coste. Actualmente, el SAF puede ser entre tres y cuatro veces más caro que el queroseno convencional, lo que supone un impacto directo en la estructura de costes de las aerolíneas.
A esto se suma la necesidad de adaptar infraestructuras. Refinerías y centros logísticos en España han tenido que evolucionar para incorporar procesos de mezcla antes de que el combustible llegue a los aeropuertos.
Todo ello configura un escenario en el que la transición energética convive con importantes retos operativos.
El mandato ReFuelEU define de forma estricta qué combustibles pueden formar parte de esta transición.
Entre ellos destacan:
El objetivo es evitar soluciones que compitan con recursos alimentarios y asegurar un impacto real en la reducción de emisiones.
Dentro de este contexto, España se posiciona como un actor con gran potencial en la producción de SAF.
Su capacidad en energías renovables y su infraestructura industrial permiten vislumbrar un papel relevante en el desarrollo de este mercado a nivel europeo.
El año 2026 marca un punto de inflexión. Más allá de los objetivos a largo plazo, el sector ya está dando los primeros pasos hacia un nuevo modelo más sostenible.
La transición no está exenta de desafíos, pero también abre la puerta a nuevas oportunidades en toda la cadena de valor de la aviación.