La industria aeronáutica vive un momento de contrastes. Mientras el tráfico aéreo continúa recuperándose con fuerza tras la pandemia, el sector afronta al mismo tiempo la presión creciente por avanzar hacia sus objetivos de emisiones netas cero.
Según un informe publicado por Research and Markets en enero de 2026, el mercado global de combustible de aviación pasará de aproximadamente 302.430 millones de dólares en 2025 a 455.300 millones en 2031, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 7,06%. Un aumento impulsado tanto por el regreso de la demanda como por la transición hacia nuevas soluciones energéticas.
La reactivación del transporte aéreo es el principal motor de este crecimiento. A finales de 2025, el tráfico de pasajeros registraba un aumento del 4,6%, mientras que el transporte de carga crecía un 4,1%.
Este incremento mantiene al queroseno convencional como pilar operativo del sector. Sin embargo, el valor del mercado también refleja una realidad distinta: el avance hacia combustibles más caros y tecnológicamente complejos, necesarios para cumplir con los compromisos medioambientales.
El Combustible Sostenible de Aviación (SAF) se ha consolidado como una de las grandes prioridades del sector, aunque su despliegue a gran escala sigue siendo limitado.
Para 2025, la producción mundial de SAF se estima en 1,9 millones de toneladas, lo que representa apenas el 0,6% del consumo total de la industria. A ello se suma el factor económico: actualmente, el SAF cuesta entre dos y cinco veces más que el combustible fósil tradicional, en un contexto en el que el combustible ya supone cerca del 31% de los costes operativos de las aerolíneas.
Este desequilibrio entre ambición climática y realidad económica sigue siendo uno de los grandes retos del sector.
Ante la escasez de materias primas y la volatilidad del petróleo, la industria está avanzando en nuevas vías para asegurar el suministro futuro.
Una de las más prometedoras es la tecnología Alcohol-to-Jet (AtJ), que permite producir combustible sostenible a partir de etanol y residuos agrícolas, superando las limitaciones de los aceites usados. Iniciativas como la nueva planta impulsada por Honeywell y Taiyo Oil en Japón marcan el inicio de una producción de SAF a mayor escala en Asia.
Paralelamente, las aerolíneas están cambiando su papel en la cadena de valor. Ya se han registrado más de 170 acuerdos de compra a largo plazo firmados por 81 aerolíneas, que pasan de ser simples compradoras a convertirse en socios financieros de los productores, con el objetivo de garantizar suministro y estabilizar precios futuros.
Las perspectivas para el mercado del combustible de aviación apuntan a un crecimiento sólido, pero condicionado por múltiples factores. El futuro del sector no dependerá únicamente del volumen de vuelos, sino de su capacidad para escalar tecnologías como el Alcohol-to-Jet y convertir el SAF en una alternativa económicamente viable frente a la volatilidad del crudo.
Una transición compleja, pero necesaria, que marcará el rumbo de la aviación en los próximos años.